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Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente de Presidencia de la República

8/27/14

Los zuecos que resultaron parte de una historia increíble

“Toc-toc…”: un resonar discreto que atesoraba el registro personal de un hombre que luchó por defender su identidad durante doce años, en la compleja realidad de la prisión política en el Uruguay de los setenta.

La cárcel más grande que tuvo Uruguay en tiempos de la dictadura militar albergaba a 2.800 prisioneros del régimen.

Se la conoce con un nombre que concita en primer lugar una mueca para la ironía: “la cárcel de Libertad”. Lo cierto es que, semejante denominación, se originó simplemente por la cercanía geográfica del recinto militar con una pequeña y antigua población del departamento uruguayo de San José, llamada justamente “Libertad”.

Jorge Tiscornia concibió la idea de tomar registros con inquebrantabla continuidad por más de 12 años, es claro que la memoria se estimula cuando hay un disparador fuerte que la activa.

Cuando Jorge Tiscornia en consulta con sus hijos decidió donar su “Almanaque” a la Secretaria de Derechos Humanos para el Pasado Reciente de la Presidencia de la República, todos quienes comparten ese espacio y ese esfuerzo de trabajo se sintieron intensamente conmovidos, no sólo por la posibilidad de ensanchar un acervo imprescindible para el conocimiento de las nuevas generaciones, sino por la fuerza de la vida que se acumuló y condensó en ese registro, hasta llegar a constituirse en un instrumento icónico de una parte de la historia uruguaya del siglo veinte: la vida diaria de “los presos políticos”.

El propio Tiscornia ha confesado que “el placer y el dolor nos acompañan, pero es aquel a quien con obstinación guardamos. En este caso en situación extrema, dando sustento al impulso, sin conciencia plena de él , pero con empeño , me dediqué al registro del dolor. Y es único.”